17 mar. 2016

Rumbo al corazón (Entrevista para la revista The Ecologist)

Dídac P. Lagarriga (1976) es escritor y editor afincado en Barcelona. Ha publicado varios libros de ensayo y poesía. Sobre el islam, destaca Eco-yihad. Apertura de conciencia a través de la ecología y el consumo halal (Bellaterra, 2014); Un Islam visto y no visto. Hacia un respeto común (Bellaterra, 2016) y De tu hermano musulmán. Cartas de hoy a Charles de Foucauld (Fragmenta, en preparación). Aquí le entrevistamos a colación de la publicación de su último libro, el citado Un Islam visto y no visto. Esta entrevista forma parte de un monográfico de la revista The Ecologist en el que se estudia el concepto de felicidad Nacional Bruta en contraposición al carácter medidor materialista del PIB para evaluar el bienestar de  la población.

En el 2005 fundó oozebap (www.oozebap.org), entidad dedicada a la difusión de experiencias y reflexiones culturales, políticas y espirituales en África y el Islam y para la promoción del diálogo intercultural e interreligioso. Colabora habitualmente en prensa y participa en coloquios y encuentros sobre estas cuestiones. Web: www.oozebap.org/bilal.
Francesc Torradeflot, director de la Asociación UNESCO para el Diálogo Interreligioso, dice en el prólogo de Un Islam visto y no visto: “Este libro es el reflejo de un musulmán que domina la lengua y que se expresa con gracia y penetración, un musulmán cercano y joven, una muestra del nuevoIslam (el de siempre) y que algunos prefieren silenciar. Es una invitación testimonial a observar el proceso de la adoración de la Vida desde la intimidad de un Islam vivido al ritmo de los aconteceres. Una cultura espiritual abierta al diálogo y refrescante”.

-Háblanos de tu último libro Un islam visto y no visto. Hacia un respeto común, publicado por la editorial Bellaterra.
-A través de múltiples fragmentos, que van desde la reflexión a la ficción, hablo de aquellos aspectos del islam que son, como indica el título, un visto y no visto, es decir, que quedan olvidados o marginados por los aspectos más mediáticos. Hablo de la necesidad de una educación holística, del proceso de conversión, de tejer comunidad, del respeto por la biodiversidad y la pluralidad cultural, de la espiritualidad como eje en la cotidianidad... Quería un libro que ayudara a romper tópicos y a tejer complicidades más allá de las etiquetas, también dirigido a musulmanes, con un toque muy personal y escrito a lo largo de más de diez años, con la tranquilidad y perspectiva que esto implica.

OLVIDO Y DESEQUILIBRO
-Aseguras que hay un islam que «enfatiza la Vida como sagrada». Toda vida es sagrada. ¿El neoliberalismo lo ha olvidado?
-Olvidar, en efecto, es la clave del desequilibrio. Aunque no creo que el neoliberalismo lo haya olvidado, sino que al olvidarnos del carácter sagrado de la vida surge el neoliberalismo. Pero no sólo este. El islam, por ejemplo, irrumpió en una sociedad que también lo había olvidado. La tensión entre recuerdo y olvido está siempre presente, por eso el mensaje del islam no se presenta como una novedad, sino como un recordatorio, enfatizando el valor de la continuidad espiritual y la tolerancia por el resto de religiones y modos de vida respetuosos.

-El monográfico de este número hace hincapié en que el materialismo no es la panacea para conseguir el bienestar… ¿Qué dices tú al respecto?
-Somos materia. A veces hay cierto énfasis en denostar el mundo material e imaginarlo antagónico al espiritual, pero esa división no la enseña el islam. El hogar último, el jardín paradisíaco (jannah), se nos presenta completamente matérico. Y ricamente biodiverso. Si el bienestar se convierte en tu fin, deviene ídolo, es decir, una búsqueda insubstancial. Hay que salir de este paradigma y dejar de idolatrar el bienestar, la felicidad, la salud, la cultura...

ROMPIENDO ÍDOLOS
-¿Por qué crees que islam es el centro de todas las dianas? ¿Qué tiene para haber sido declarado el enemigo público número 1?
-El islam rompe ídolos (lo que podríamos equiparar a las ilusiones en el budismo, es decir, aquello que te vela la realidad). Aquellas personas que necesitan creer en los ídolos responden a menudo con violencia al proceso de desidolatrar la sociedad. Pasó en tiempos del profeta Muhámmad, pasó antes (pensemos en el Egipto faraónico) y ocurre ahora.

-¿Ser musulmán es ser partidario de la justicia social y de un equitativo reparto de la riqueza. ¿Por qué esto incluso lo ha olvidado todo el mundo, incluso millones de musulmanes?
-Hay musulmanes que idolatran el islam y, por consiguiente, dejan de atender esta premisa liberadora. Poder, control, dinero y, claro, el ego son ídolos que, pese a no tener ningún poder real, velan nuestra vida generando la ilusión de tener objetivos y trabajar por ellos. El islam nos recuerda que el único objetivo es Al·láh, la realidad que nos sustenta. Siendo agradecidos y atentos -y no creyendo de una forma abstracta o simplemente con actos rituales externos- es más fácil sintonizar con esta misericordia divina y que se encarna en la justicia, la igualdad, la armonía, la salud, en definitiva, la paz.

ISLAM ECOLÓGICO
-Háblanos de la "yihad" ecológica…
-El medio ambiente es un buen reflejo de nuestra hipocresía: por encima de teorías y discursos, miremos el entorno. El Corán nos dice: “[Dado que se han olvidado de Dios] la corrupción ha hecho su aparición en la tierra y en el mar como consecuencia de lo que ha hecho la mano del hombre: y por ello les hará saborear [el daño de] algunas de sus obras, para que vuelvan [al camino recto]”. Es, pues, una oportunidad de transformación. “Yihad” no significa guerra santa, sino “esfuerzo” y es un pilar del islam. El gran esfuerzo, ahora, es volver a sincronizar con el ritmo biodiverso del planeta, sumarnos a su equilibrio interno. En otro libro, que titulé explícitamente Eco-yihad (editado también por Bellaterra), trato con más profundidad esta cuestión tan crucial y actual.

-El Islam nos insta a no dejar en manos de otros nuestra responsabilidad en los asuntos de la vida… ¿Eso representa un enfrentamiento continuo con nuestro ego, ese “malhechor”…?
-No creo que el ego sea un malhechor, sino que tiene sus necesidades (que deben ser atendidas y respetadas) y también sus deseos (a los que no hay que sucumbir). El islam nos habla de esta responsabilidad personal y también de que no hay transformación social sin este cambio individual. Pero también nos recuerda que el esfuerzo personal es más fácil y plausible con una transformación colectiva. Sin embargo, no hay recetas exactas, sino parámetros que nos guían, pues el islam no es una ideología, es decir, no deja que idolatremos la idea.

-¿Una sociedad lo más parecida a la sociedad musulmana del principio, aunque adscrita a los designios de nuestra época, basada en la compasión, la paz, la serenidad, el confort, la estabilidad familiar, la seguridad, la espiritualidad más profunda, la armonía con la Naturaleza… existe hoy en alguna parte? ¿Qué me dices de algunas comunidades africanas regidas por el poder espiritual de algunos maestros sufíes tradicionales?
-El islam no es garantía del olvido al igual que subirse a una barca para cruzar un río no es garantía de que lo cruces, aunque sí una forma factible (pero no la única y siempre sujeta a imprevistos e incertidumbres). Es importante mantener esta actitud para no idolatrar el islam, al Profeta o a unos musulmanes en concreto. Hay un peligro en idolatrar la primera comunidad que se forjó alrededor del Profeta. Por ello, el mismo Corán habla de los hipócritas musulmanes de ese tiempo y expone los “errores” de Muhámmad para evitar, a mi parecer, que caigamos en la idealización. En toda la historia del islam encontramos intentos de reproducir esa primera comunidad, algo siempre encomiable cuando surge desde el amor. El colonialismo y el posterior modelo estatal arrasó muchas de estas estructuras autogestionadas, aunque no todas... Es algo que siempre estará presente entre los musulmanes y es uno de los retos de la actualidad.

FITRAH, ESTADO NATURAL
-Háblanos del concepto de la fitrah y de cómo volver a él en una sociedad tan tecnológica como la nuestra…
-La fitrah es un concepto básico en el islam, es la naturaleza primigenia con la que toda criatura (no sólo la humana) nace. No hay pecado original, sino gratitud y conexión con todo lo creado. Eso, con los años, lo vamos olvidando. Reconocerse musulmán es emprender el camino de regreso a la fitrah, con todas las implicaciones ecológicas y sociales que implica volver a reconocerse parte del entramado y, por lo tanto, dejándonos de imaginar separados del resto.

ORACIÓN Y DOLOR
-¿El poder de la oración puede amortiguar el dolor y la desesperanza que hoy se ciernen sobre el planeta?
-La oración, o la vivencia espiritual en general, no es una anestesia. El dolor forma parte de la vida. El Corán nos recuerda que aquello que juzgamos de forma negativa quizá sea positivo, que Dios no da nada que no podamos soportar y que la humildad y la paciencia (sabr) son potentes herramientas para encajar las calamidades. También nos dice que aquellos que obran con ihsán (bondad y excelencia espiritual) quedarán resguardados del dolor. En este sentido el islam se nos ofrece como protección.

Pedro Burruezo / The Ecologist